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Caracterización de la población estudiantil.

La actual población estudiantil pertenece al siglo XXI, mismo que es caracterizado por la complejidad, incertidumbre e interconexión, aquello impone a la Universidad contemporánea el reto de formar estudiantes con capacidad de insertarse en el contexto social de manera creativa, responsable y comprometida para producir conocimientos e instaurar posibilidades de desarrollo en las condiciones de incertidumbre, complejidad multi-determinada, desigualdad, injusticia social y pobreza de grandes sectores de la población, por efectos de la creciente acumulación de las riquezas en unos pocos. Es el supuesto que sirve de base para pensar y repensar, una y otra vez el desafío que se impone a las universidad, a las ciencias sociales y, para nuestro caso, a los procesos formativos de Comunicación Social como profesión comprometida con la construcción de condiciones propicias para el desarrollo humano y social, mediante la orientación hacia la generación de una conciencia social transformadora.

El siglo XX estuvo marcado por asombrosas transformaciones en todas las esferas de la vida social y por extraordinarios descubrimientos en diversos campos de la ciencia (la física, la química, la biología,....) y de la tecnología (la informática, las comunicaciones,...).

En la transición al siglo XXI, el enorme poder de ciertos países y su dominio en el concierto mundial se afianza en los desarrollos del conocimiento, su producción, su apropiación y su manejo tecnológico. Tales desarrollos, innegablemente, pueden contribuir a la construcción de condiciones para el mejoramiento de la calidad de vida y, por tanto, comportan aportes sustanciales para el desarrollo social, cuyas condiciones de realización, sin embargo, no dependen exclusivamente de los conocimientos alcanzados, sino que se derivan de la utilización que de ellos se haga y de los criterios que orienten la misma, es decir, que está ligada a procesos éticos y políticos.

El monumental desarrollo científico y tecnológico del siglo XX configuró una sociedad caracterizada por la velocidad del cambio, fenómeno que en el amanecer del nuevo milenio ha adquirido asombrosos niveles de complejidad y vertiginosidad. Lo que hoy es novedad, mañana cae en la obsolescencia, lo que hoy es una verdad incuestionable mañana se transformará radicalmente. Los progresos en la ciencia y en la tecnología han derivado en el desarrollo de las comunicaciones, la informática, el transporte, la industria, el sector salud y la agricultura, entre otros campos y en la aplicación de muchos de los saberes al mejoramiento de la vida cotidiana de “ciertos grupos de la población”; pero, también han estado acompañados de la exclusión de amplios sectores, de los beneficios de aquellos que algunos han considerado los baluartes del desarrollo.

Además de las significativas transformaciones que acontecieron en los campos científico y tecnológico durante la centuria que recién concluyó, y que le dan lustre a ésta como un período de vertiginoso desarrollo del conocimiento, ese siglo puede caracterizarse como un período de múltiples conflictos sociales; de enfrentamientos, de guerras, de exterminios y de profundas iniquidades que hicieron que, a pesar de los progresos en los campos de la ciencia y la tecnología, la humanidad haya finalizado el milenio en condiciones de violencia, pobreza, injusticia social, epidemias; evidentemente lejanas de lo que podrían ser los ideales de un conciencia social orientada al desarrollo humano y social.

Para América Latina, la adopción del modelo económico neoliberal en franca desventaja frente a los países desarrollados que tienen el control de los medios y la producción del conocimiento, la ciencia y la tecnología como nuevos baluartes de la época, ha implicado impactos nefastos tanto en el plano de lo económico como de lo social. Una rápida mirada a la situación de la economía de los países del Continente y a los conflictos y problemáticas sociales que bullen en ellos retrata, sin mayor esfuerzo, la estela devastadora que en su desarrollo marca el modelo neoliberal en Países como los nuestros.

Ésta se expresa en el aumento del desempleo, la disminución de los ingresos de la población y el correspondiente impacto negativo en la capacidad adquisitiva de los bienes y servicios que garanticen una vida digna, el crecimiento de la violencia y la inseguridad urbana y la crisis del sector agrícola, entre otras muchas características que han contribuido de manera sustancial a acrecentar las brechas entre ricos y pobres, a hacer que los primeros sean cada vez menos, pero más ricos y los segundos sean más y más pobres.

Además de los efectos funestos del modelo neoliberal sobre la calidad de vida de grandes sectores de la población latinoamericana, es necesario también considerar, por otro lado, el impacto de la globalización y la internacionalización, con su dinámica de interconexión, desarrollo científico y tecnológico, resquebrajamiento de la fronteras culturales, re significación de los conceptos de tiempo y de espacio y proceso imparable de cambio, entre otras de las muchas características que han merecido la atención de académicos de todo el planeta en el fin del siglo XX y los albores del XXI y que impactan la totalidad de la vida humana.

Estas características sociales, económicas, políticas, culturales, tecnológicas, científicas y demás, son determinantes para la educación, importante sector que indudablemente se ha visto afectado de manera tal, que la misma esta siendo cuestionada y en la actualidad se ha convertido en tema de controversia.

La población estudiantil, como consecuencia de estas transformaciones, de modelos educativos tradicionales y la desatención gubernamental a éste importante sector, posee como características propias: la inmediatez, lo pasajero, lo superficial, lo fácil, entre otras, lo que le ubican en un plano de graves limitaciones en el desarrollo del conocimiento. En el Ecuador la educación está en crisis, es por ello que la universidad debe redoblar esfuerzos para nivelar el conocimiento de la población estudiantil de entrada y formarle profesionalmente para encaminarlo al egresamiento.

Lo grave de todo es que en muchos casos existe desorientación, pues no se tiene claridad respecto a lo que se quiere ser y hacer por parte de los estudiantes, por todo lo señalado. Frente a este panorama, la carrera de Comunicación Social busca que los aspirantes se aproximen al siguiente perfil:

  • Identificación de perfiles de ingreso por competencias para la carrera de Comunicación Social
  • Sensibilidad por la realidad social, política, económica y cultural tanto del país como del mundo que lo rodea y, además, una actitud crítica frente a cualquier situación. Interés por la lectura, la crítica, la escritura, los medios audiovisuales, la multimedia y afinidad con las artes, realidad nacional, modernización y globalización. Preferiblemente con excelencia en alguna forma de expresión.
  • Alto desempeño en la expresión oral, escrita y audiovisual.
  • Conocimientos básicos de informática aplicada. Aptitud para conocer las propuestas que les ofrece la ciencia para profundizar en el conocimiento del mundo y del campo de la comunicación.
  • Actitud para trabajar en equipo, en organizaciones públicas o privadas, nacionales o internacionales y, preferiblemente, para ser gestor de sus propias empresas y proyectos de comunicación.
  • Disposición para aprender a aprender y a comunicarse en un segundo idioma.
  • Sensibilidad hacia la problemática social, interés en solucionar problemas por el bien común.

 

 

 

 

 

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